Tu perro apoya las cuatro patas en el piso cuando llegas. Ese pequeño momento puede pasar inadvertido entre las llaves, las bolsas y el saludo. También puede convertirse en una oportunidad para enseñarle cómo quieres encontrarte con él.
El refuerzo positivo consiste en que una consecuencia agradable aumente la probabilidad de una conducta. No basta con que a nosotros nos parezca bonito el premio: debe ser algo que ese perro valore en esa situación. La comida, el juego o la atención pueden tener distinto valor para cada individuo. [3]
Decide qué quieres reconocer
“Portarse bien” es demasiado amplio. Elige algo que puedas ver: esperar mientras pones el plato, acercarse cuando lo llamas en casa o mantener las patas en el suelo durante un saludo. Cuanto más concreta sea tu meta, más fácil será reconocer el momento.
Imagina que quieres practicar una llegada tranquila. Antes de entrar, deja tus cosas de modo que puedas prestar atención. Busca un momento breve en que el perro esté en el suelo y ofrece la recompensa enseguida. Si la escena resulta demasiado emocionante, simplifica la práctica con ayuda profesional en lugar de insistir en medio del desorden.
La idea es comunicar una relación clara entre lo que hace y lo que obtiene. Si primero se sienta, después salta y solo entonces recibe comida, nuestra intención puede no coincidir con lo que estamos enseñando.
El premio también se elige
Observa qué disfruta tu perro y respeta sus necesidades de alimentación. Si tiene una dieta indicada por su veterinario, acuerda qué puedes utilizar. Los premios comestibles forman parte de lo que come durante el día; no son un añadido invisible.
Una caricia tampoco es una recompensa universal. Hay perros que prefieren espacio en determinados momentos. No insistas en tocarlo porque “debería gustarle”. El premio tiene sentido desde la experiencia del perro, no desde nuestra preferencia.
Si no participa, revisa la dificultad y el entorno. No aumentes la exigencia ni lo prives de sus necesidades básicas para conseguir una respuesta. Una sesión útil puede ser breve y terminar antes de que alguno de los dos se frustre.
La claridad se construye entre todos
Acuerden en casa la misma indicación y la misma conducta esperada. Escribe una instrucción sencilla que cualquiera pueda aplicar. Un pequeño acuerdo familiar evita que el perro tenga que adivinar reglas diferentes con cada persona.
La AVSAB recomienda métodos basados en recompensas para enseñar y abordar problemas de conducta. [4] Eso incluye planear, prevenir y pedir apoyo cuando corresponde.
Reconocer lo que tu perro hace bien no disminuye el vínculo ni lo convierte en una negociación afectiva. Le da información. Y convivir con información clara suele ser bastante más amable que convivir tratando de adivinar.
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